En Tehuacán, donde la piel y el hilo se convierten en sustento para cientos de familias, la industria del calzado comienza a escribir un nuevo capítulo. La Fábrica de Zapatos “Cariñitos”, fundada hace 35 años por Margarita Vargas y su esposo Esteban, fue el escenario de un encuentro que simboliza esperanza y renovación para el sector zapatero.
Con el impulso de cooperativas y la visión de fortalecer la economía comunitaria, los productores locales proyectan fabricar este año 300 mil pares de zapatos escolares, cifra que crecerá hasta los 700 mil en 2026. Se trata de una meta ambiciosa que no solo representa empleo, sino también dignidad y arraigo para quienes han dedicado su vida a este oficio.

Margarita recuerda con emoción cómo inició este proyecto familiar que hoy mantiene a decenas de hogares: “Nunca imaginamos que tendríamos este respaldo. Es un sueño cumplido; ahora nuestras y nuestros trabajadores tienen más ingresos y estabilidad”, compartió.
Su hija, Janet Pacheco, quien coordina la producción junto a un equipo de 50 personas, confirma que esta nueva etapa les da tranquilidad: “Gracias a este impulso podemos cubrir los gastos de nuestras familias y pensar en crecer”.
El compromiso es claro: producir en Puebla, con manos poblanas, para que la riqueza se quede en la comunidad. Para muchas mujeres como Ernestina Sánchez, quien desde hace 12 años trabaja en la confección de calzado, este renacer representa mucho más que empleo: “Hoy sabemos que nuestro esfuerzo es valorado y que cada zapato lleva consigo el esfuerzo de toda una familia”, expresó.
El sector, olvidado por décadas, vuelve a encontrar brillo gracias al trabajo conjunto de quienes apuestan por el cooperativismo, la organización y la innovación. El resurgir del calzado en Tehuacán no solo es económico: es la reafirmación de que los sueños, con constancia y unión, también caminan firmes.






