En un mundo donde los incendios forestales son una amenaza creciente, Puebla ha logrado lo extraordinario: reducir en un 68% la afectación de sus reservas naturales durante el último año. Esta cifra no es producto del azar, sino de una estrategia que combina la valentía de brigadistas con herramientas digitales de última generación para anticiparse al fuego.
El radar forestal: Ojos electrónicos en la montaña
El estado ha desplegado una red de monitoreo que parece sacada de la ciencia ficción, pero con un propósito profundamente humano. Con 29 cámaras de vigilancia y una cobertura del 80% del territorio, el tiempo de respuesta se ha vuelto quirúrgico. Para este 2026, el arsenal preventivo se fortalecerá con:
- Drones con cámaras térmicas: Para detectar puntos de calor antes de que se conviertan en llamas.
- GPS táctico y cartografía digital: Para trazar rutas de combate precisas en terrenos complicados.
- Mochilas aspersoras y motobombas portátiles: Equipamiento ligero para llegar a las zonas más recónditas de nuestras sierras.

Héroes en el terreno
Detrás de la tecnología hay más de 600 elementos de la SEDENA, Guardia Nacional, CONAFOR y brigadas estatales que arriesgan todo por el ecosistema. Gracias a esta coordinación, la afectación promedio por incendio en Puebla es de apenas 43 hectáreas, una cifra cuatro veces menor a la media nacional (174 hectáreas).
“No dejen colillas o fogatas encendidas, recojan el vidrio y la lata, porque este material genera incidentes de alto costo para el medio ambiente”, exhortó el gobernador Alejandro Armenta, haciendo un llamado a la conciencia ciudadana para evitar siniestros inducidos, que representan casi la mitad de los casos.
Una inversión para las próximas generaciones
Con una inversión de más de 20 millones de pesos en infraestructura y equipo, Puebla no solo apaga fuegos; construye una cultura de preservación. La meta para los meses críticos de marzo a mayo es clara: mantener la vigilancia extrema en la Sierra Norte, Nororiental y el Valle de Serdán.
Hoy, la entidad cuenta con unidades especializadas, helicópteros de apoyo y una policía forestal dedicada a proteger la biodiversidad. El mensaje es contundente: proteger el bosque es proteger el futuro del agua, el aire y la vida en el estado.






