El mundo del espectáculo pierde hoy a una de sus presencias más magnéticas. Eric Dane, el hombre que dio vida al inolvidable Dr. Mark Sloan en Grey’s Anatomy y al complejo Cal Jacobs en Euphoria, falleció este jueves a los 53 años. Su partida no solo marca el fin de una carrera brillante, sino el cierre de una valiente lucha contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad que enfrentó con la misma intensidad con la que habitó sus personajes.
Un guerrero detrás de la cámara
Diagnosticado en abril de 2025, Dane no permitió que la ELA dictara el final de su historia de inmediato. En un acto de entrega absoluta a su oficio, completó las grabaciones de la tercera temporada de Euphoria mientras lidiaba con el avance de su condición. Su familia, en un comunicado compartido por la revista People, destacó que el actor pasó sus últimas horas rodeado de la “devoción de su esposa y sus hijas, Billie y Georgia”, quienes fueron su ancla durante el proceso.
De San Francisco a la inmortalidad televisiva
La trayectoria de Eric Dane es el vivo ejemplo del sueño de Hollywood con un toque de azar:
- El descubrimiento: Pasó del equipo de waterpolo al escenario escolar casi por accidente, descubriendo que actuar era “la mejor sensación del mundo”.
- La apuesta: Llegó a Los Ángeles con solo 40 dólares y la determinación de hacerse un nombre.
- El ascenso: Tras breves apariciones en clásicos como Los años maravillosos y Hechiceras, en 2006 se puso la bata del “McSteamy” en el Seattle Grace, un papel que lo grabó en el ADN de la cultura pop global.
Una voz contra la adversidad
Más allá de los sets, el 2025 transformó a Dane en un portavoz inesperado. Al hacer público su diagnóstico, utilizó su plataforma para visibilizar la ELA, convirtiéndose en un referente de fuerza para otros pacientes. Su legado no se limita a los 14 discos de platino de su alter ego juvenil o a sus icónicos diálogos médicos, sino a la dignidad con la que transitó su etapa más vulnerable.
Hoy, las redes sociales se inundan de agradecimientos de fans y colegas. Eric Dane se marcha, pero nos deja una lección final: que el arte, al igual que el amor de los suyos, fue el motor que lo mantuvo encendido hasta el último suspiro.






