Hay escenarios que guardan memoria, y para Fernando Delgadillo, el Foro Felipe Villanueva no es solo un auditorio, es el lugar donde el tiempo se detuvo en 1999 para dar vida a ‘Febrero 13’, el álbum que se convirtió en la biblia de la trova mexicana contemporánea. El pasado sábado 14 de febrero, 27 años después de aquella grabación histórica, el cantautor volvió a pisar el mismo suelo para demostrar que su “Canción Informal” sigue más viva que nunca.
Un legado que se hereda: La nueva generación Delgadillo
La noche no solo fue un ejercicio de nostalgia; fue una declaración de futuro. El concierto arrancó con una carga emotiva especial cuando Daniel y Alicia, hijos del trovador, subieron al escenario para acompañar a su padre. Ver a la nueva generación interpretar clásicos junto al creador de los mismos añadió una capa de calidez inédita a una velada que ya se sentía mágica.
Antes del plato fuerte, Luis Antonio González preparó el terreno, dejando la atmósfera lista para el desfile de metáforas que estaba por venir.
Versos contra el reloj y el clima
Aunque el destino intentó interponerse —posponiendo la fecha original de octubre de 2025 debido al clima—, la espera solo incrementó el deseo de los fans. A partir de las 20:30 horas, el Naucalli se convirtió en un coro masivo. Entre anécdotas y citas literarias, Delgadillo navegó por un repertorio que es parte del ADN emocional de sus seguidores:
- Himnos infaltables: “Hoy ten miedo de mí”, “Carta a Francia” y “Entre pairos y derivas”.
- Atmósferas íntimas: “Gitana”, “Llueve” y “Llamadas anónimas”.
El peso de un clásico: ‘Febrero 13’
Para entender la magnitud de este regreso, hay que recordar que el disco grabado en este recinto en el 99 (distribuido originalmente en tres volúmenes) no fue solo un álbum en vivo, sino la consolidación de Delgadillo como el mayor exponente de la canción de autor en español.
Aquellas grabaciones, que incluyeron la maestría de músicos como Rodrigo Duarte y Gonzalo Ceja, capturaron la esencia de una época. Volver a escuchar esos temas en el mismo sitio, bajo el cielo de Naucalpan, fue para muchos un “déjà vu” poético que reafirmó por qué Delgadillo es, y seguirá siendo, el cronista de los amores cotidianos.
La noche cerró con la promesa implícita de que, aunque pasen otros 27 años, las historias cantadas en el Naucalli siempre encontrarán el camino de regreso a casa.






