Entre la vida y la ausencia: La cruda verdad de Marysol Sosa sobre el último adiós a José José

El destino suele ser irónico, y para la familia Sosa, la tarde del 29 de septiembre de 2019 quedó grabada como un choque violento entre dos mundos. Mientras Marysol Sosa celebraba el primer año de su hija Elena, el teléfono traía una noticia que paralizaría a todo México: el “Príncipe de la Canción” había dejado de cantar. Lo que siguió no fue solo el duelo por un padre, sino una travesía de sombras, silencios y muros burocráticos en Miami.

El cumpleaños que se tiñó de luto

En el podcast de Melo Montoya, Marysol revivió el instante preciso de la ruptura. En medio de globos y amigos, su hermano Pepe soltó la frase que nadie está listo para escuchar. Sin embargo, el dolor vino acompañado de un matiz desconcertante: la comunicación con su media hermana, Sara Sosa, fue un monólogo de evasivas. “Ya se murió, ya se murió”, era la única respuesta ante la desesperada pregunta de: ¿Dónde está mi padre?


Un laberinto de cristal en Florida

La llegada a Estados Unidos, lejos de traer consuelo, se convirtió en una persecución por la verdad. Marysol describe escenas dignas de un thriller administrativo donde el nombre del ídolo mexicano parecía haber sido borrado de los registros:

  • El vacío en el hospital: Al llegar al Homestead Hospital, el lugar que debía custodiar los restos de su padre, la familia fue recibida con extrañeza y, finalmente, escoltada hacia afuera por la policía.
  • La funeraria del silencio: “No lo tengo registrado en la lista”, fue la respuesta que Marysol recibió al intentar localizar el cuerpo.
  • Cinco días de ceguera: El acceso fue negado sistemáticamente. Durante 120 horas, el cuerpo de José José fue un secreto bajo llave, supuestamente por órdenes directas de su media hermana.

La oración como único refugio

Tras superar la barrera del tiempo y las autorizaciones negadas, Marysol finalmente logró estar frente a su padre. En ese espacio, despojado de cámaras y conflictos legales, la compositora cerró el ciclo a su manera: “Me puse a orar en voz alta”.

Este testimonio no solo revela la fractura de una familia, sino la vulnerabilidad de una hija que, en el punto más alto de la fama de su progenitor, tuvo que luchar contra el sistema y el silencio para poder susurrar un último adiós. La historia de José José terminó en el escenario, pero la de Marysol es un recordatorio de que, detrás del mito, siempre hay una familia buscando respuestas entre la bruma.

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